Como cinéfila busco narraciones cinematográficas que me emocionen, que cuenten una historia, que traigan al momento presente las luchas libradas en el pasado para tejer una genealogía y tomar conciencia de ese “de dónde venimos” que nos hace estar aquí. Me interesan varias temáticas y podría elegir algunas colecciones del catálogo como favoritas con mis directoras (también algunos directores) predilectas. De hecho ya publiquéaquí algunas favoritas de una plataforma. No obstante, hoy me voy a centrar en una directora de cine que cuenta con varios títulos en su filmografía donde traslada a la pantalla la biografía de cuatro imprescindibles. Ella es Laura Mañá y las mujeres extraordinarias que cobran vida para contagiarnos de rebeldía, determinación, inteligencia y humanidad.
Laura Mañá es directora, actriz y escritora. Ha dirigido ocho largometrajes y dos cortometrajes. Está comprometida con la visibilización de las mujeres en el cine y es socia y fundadora de CIMA. Como declara: «El cine tiene que contar que ha habido mujeres extraordinarias que han cambiado la historia de este país».

A continuación voy a recopilar estas películas para que veamos quiénes son estas mujeres extraordinarias y cómo es la mirada de la directora para construir el relato.
Ni dios ni patrón ni marido. La voz de la mujer y Virginia Bolten.
Esta película se centra en la figura de Virginia Bolten, una feminista anarquista que fundó en Buenos Aires el primer diario feminista anarquista llamado La voz de la mujer en el año 1896. Así se desarrolla y se muestra todo el escenario en el que surge y sale a la luz este diario. Cuando Virginia llega a Buenos Aires se reencuentra con su amiga Matilde que trabaja en una hilandera llamada Genaro Volpon. Las condiciones de trabajo son terribles, las obreras sufren la explotación por ser obreras, el abuso de su patrón, las deficientes condiciones de la fábrica que ponen en peligro sus vidas, la miseria y la pobreza de esas vidas junto a una maternidad que lo hace todo más difícil. Es decir, explotación por ser obreras y por ser mujeres. Allí comparten trabajo Matilde, Filomena y Rosalía, que se unen, dan la cara para que una de las compañeras que fue despedida sea readmitida y en un encuentro entre Virginia y otras trabajadoras ésta dice:
«A mí me metieron presa porque no toleran que una mujer despierte la conciencia de las demás. Si yo tuviera mi diario las mujeres comprenderían que son maltratadas y ultrajadas no sólo por ser obreras sino también por ser mujeres».

El primer paso es hacer panfletos para organizarse entre ellas y conseguir que María vuelva a la fábrica. El siguiente organizar un baile para recaudar fondos. La situación se complicará y también aparece una figura inesperada, aparentemente alejada por su posición de toda esa organización y toma de conciencia, la cantante de ópera y prometida del Senador Lucía Boldini. La evolución de este personaje es crucial para entender lo que he reproducido líneas más arriba con las palabras de Virginia Bolten, que a veces la voz de una mujer despierta la conciencia de las demás. Cuando Lucía Boldini es conocedora de que hay un grupo con ideas feministas que quieren publicar un diario no duda en acercarse sin desvelar quién es realmente. Y después de un arduo camino La voz de la mujer vio la luz y en su primer número se podía leer:
«Compañeros y compañeras, salud; Y bien, hastiadas ya de tanto llanto y miseria; hastiadas del desconsolador cuadro que nos ofrecen nuestros pobres hijos; hastiadas de ser el juguete y el objeto de placer de nuestros infames explotadores o de viles maridos, hemos decidido levantar nuestra voz y exigir nuestra parte de placeres en el banquete de la vida. Largas veladas de trabajo y padecimiento, negros y horrorosos días han sido necesarios para que decidiéramos hacer oír nuestra voz. No ya en forma de lamento o de súplica sino de vibrante y enérgica demanda. ¿Sabéis lo que encontramos? Lascivia y corrupción; y una nueva ocasión de vender nuestros cuerpos. Entonces comprendimos por qué se cae, por qué se mata».
Es cierto, una mujer alza la voz y las demás mujeres se contagian de un deseo candente de libertad, tomando esta expresión de Gioconda Belli.
Así que si queréis contagiaros de la lucha feminista, esta película es para vosotras.
Clara Campoamor, la mujer olvidada.
La Segunda República trajo aires de cambio, progreso, democracia y una nueva Constitución que por primera vez reconocía la igualdad entre los sexos.
No obstante, en las Cortes Constituyentes se produjo una contradicción en el momento de la redacción del artículo 36 relativo al voto. Clara Campoamor se alzó desde el Parlamento de la Segunda República Española para defender el voto de las mujeres desde una argumentación que sólo era rebatida a golpe de estereotipos machistas y un aparente miedo a que la mujer fuese absorbida por el confesionario, condenando a la mujer, una vez más, a una eterna minoría de edad.
La película empieza con una Clara Campoamor en su faceta de abogada para mostrar la confianza en ella misma y la perseverancia. Esta política que tuvo que trabajar desde pequeña posponiendo sus estudios y siendo después una alumna aventajada, sabía que su sitio se encontraba en hacer algo más grande, formar parte activa del cambio que estaba por venir, participando en la Constitución republicana y siendo diputada en una cámara llena de hombres, ya que sólo había dos diputadas más: Victoria Kent y Margarita Nelken.
En la película es Elvira Mínguez quien le pone la fuerza a este personaje real que dejó por escrito en su libro El voto femenino y yo. Mi pecado mortal lo que vivió al lado de una izquierda que la traicionó y que la condenó al ostracismo. El largometraje ofrece unas pinceladas de la vida de Campoamor y se centra en el debate por el voto femenino. Recoge también el escenario social y político donde cae la monarquía y la esperanza con el advenimiento de la República.

Estuvo vinculada al partido de Acción Republicana, pero Manuel Azaña no la quería como diputada en Madrid y ella decidió renunciar. Es ahí cuando Alejandro Lerroux le propuso formar parte del Partido Republicano Radical y ella le pide su designación para la Comisión de la Constitución ya que como escribió en el libro mencionado «van a discutirse en la misma cuestiones fundamentales para la mujer y el niño y está justificada la intervención de una mujer partidaria de esas concesiones».
Lo que no se imaginaba Clara Campoamor es que su propio partido le daría la espalda y que su colega de sexo femenino se opondría también al voto femenino.
Laura Mañá ha recuperado un momento histórico que a día de hoy nos sigue emocionando. Cada secuencia nos lleva al proceso donde se está gestando algo único para caminar hacia el progreso y la igualdad y, nuevamente, los derechos de la mujer eran pospuestos como si ella, tal como recordó Campoamor, no hubiera participado en todo lo que hizo posible esa democracia.
Le espetaba la diputada a esa Cámara llena de hombres que no cometieran un error histórico que no tendrían suficiente tiempo para llorar. Finalmente lo consiguió, a pesar de las maniobras torticeras puestas en marcha para una disposición transitoria. Campoamor fue una mujer extraordinaria, brillante, y digna de ser reconocida, admirada y estudiada en cada aula para que las niñas se puedan mirar en esas mujeres que creyeron en ellas para defender los derechos de todas. Cada busto de esta diputada nos recuerda que un un momento histórico de nuestra historia reciente una mujer no se rindió y que se levantó de su banqueta con la voz firme una y otra vez para convencer a un Parlamento de que estar en el lado correcto de la historia es dejar que la mujer se manifieste para que el poder no puedan seguir detentándolo ellos.
No sólo fue el sufragio femenino, sino la defensa de la dignidad de las mujeres llevada a todos los niveles y espacios. Laura Mañá visibiliza otra conquista de la señora Campoamor como la abolición de la prostitución.
Concepción Arenal, la visitadora de cárceles.
La película comienza con el encuentro entre un periodista y un profesor fechada el 27 de octubre de 1932. «Hoy se ha aprobado el nuevo código penal que usted dijo que sería la culminación del trabajo que ella comenzó».
Concepción Arenal fue una pensadora experta en derecho, defensora de la igualdad educativa y que se formó en la Universidad acudiendo con ropajes masculinos para ocultar la apariencia de un sexo al que se le tenía prohíbida la entrada en esta institución. Reformó las cárceles de mujeres llevando a ese presidio la humanidad que le era arrancada a las reclusas.
En la cinta Blanca Portillo es quien le da vida a nuestra referente y la que camina con determinación por esa cárcel de mujeres ganándose su confianza, enfrentando a los abusadores que dirigen la prisión y se lucran del trabajo extenuante de ellas.

Vemos a una Concha viuda que regresa a su casa con sus dos hijos y que escribe a la luz de un candil todo lo que observa en su día a día, las reflexiones que emergen de su relación con mujeres analfabetas, descalzas, desnutridas y que poco a poco se impregnan de esa calidez que alumbra cada una de sus cartas.
La directora se ha servido de un archivo de lo que dejó por escrito para dotar al largometraje de diálogos llenos de la vida de una mujer con una firme creencia en la rehabilitación, con un profundo sentimiento de compasión, que entendía que la disciplina no tenía nada que ver con la violencia y que todo ser humano tiene derecho a la educación, especialmente las mujeres por ser excluidas y privadas de tantas profesiones.
La fría y grisácea cárcel se llena de luminosidad tras el paso de una señora que camina despacio, que mira a los ojos a seres humanos deshumanizados y que consigue que empiecen a creer que otra vida es posible si encuentras en el camino a alguien que te dé la mano y que crea en ti, ya que «todas las cosas son imposibles mientras lo parecen».
Frederica Montseny, la dona que parla.
Volvemos a la Segunda República Española para recuperar a la que fue la primera ministra de Sanidad de la democracia. Frederica Montseny era anarquista pero, ante las fisuras y las desavenencias que se daban en la izquierda y que podían fragmentar algo tan valioso como la democracia, entendió que la prioridad era detener el fascismo que empezaba a avanzar tras un golpe de Estado fallido y una sublevación militar.
Empezando por el principio lo que la película nos muestra es a una mujer que habla encima de un escenario y con un micro que hace que su voz se eleve. Nos encontramos en Fígols, Alto Llobregat en enero de 1932 y Montseny está denunciando las condiciones de los trabajadores de la mina, la explotación laboral y cómo afecta a su salud y a las mujeres que contagian de tuberculosis. El público la escucha con atención y queda encandilado por su oratoria.

Sabemos cómo termina la República y tras la victoria de los fascistas Montseny se exilia a Francia. La película avanza hasta el año 1941 cuando es recluida en la cárcel de Limones y lucha para no ser extraditada por el régimen franquista.
Se recoge el juicio que se llevó a cabo para determinar si las acusaciones que recaían en ella de asesinatos y torturas a prisioneros de guerra, incitación a la violencia y colaboración con agentes soviéticos tenían peso y conceder así la extradición de la acusada para que el dictador pudiera ejecutarla. Su abogado apeló a su estado de embarazada, algo que usaron en su contra recordando la defensa que hizo del aborto. Sus palabras: «Mostré respeto y compasión por las miles de mujeres desesperadas que morían en manos de curanderas. Y puse su vida e integridad física por encima de los prejuicios morales de aquellos que se creen legitimados para juzgarlas».
A lo largo de todo el recorrido cinematográfico los tiempos se van a situar en esos años de guerra y de supervivencia de la República y el juicio mencionado para conseguir la libertad.
De vuelta al pasado y al año 1939 con una sublevación militar que pone en peligro la fragilidad de una república que ha andado poco,.Largo Caballero propone ampliar el Gobierno con figuras de la CNT entre las que se encuentra Federica Montseny.
Una proposición que significaría que por primera vez en el Gobierno de España una mujer sería ministra. Y así Federica Montseny se convirtió en la primera mujer de la democracia en ocupar un cargo ministerial. Un dato que cada alumnado debería saber cuando estudie la historia de nuestro país.
Si bien la película comienza con un discurso de Montseny de los llamados “incendiarios”, esos que mueven a la revolución, termina con un discurso pacificador desde Radio Cataluña en la Generalitat de Barcelona para que cese la violencia y esa revolución dividida convertida en derramamiento de sangre.
«Compañeros, yo me permito recordaros, que cada uno de vosotros por encima de todo es demócrata. Cada uno de vosotros sabe cuál es su deber. Sabe quién es su adversario. No perdamos de vista que nuestra principal conquista es la libertad, que es precisamente lo que el fascismo pretende arrebatarnos. No perdamos de vista tampoco el sacrificio de los compañeros que ya han caído defendiendo la libertad. Debemos honrar su memoria manteniéndonos unidos y luchando».
Fueron seis meses intentando mejorar la vida de las mujeres, trabajando para detener el fascismo y, a pesar de su ideología anarquista, siendo leal a la República. La parte final con su alegato para su propia defensa y que no haya lugar para la extradición os va a emocionar hasta el llanto.
Para terminar me permito anotar otra película donde Laura Mañá aparece como actriz y que retrata la destrucción y la violencia de la Guerra Civil Española y el homenaje a la Asociación Mujeres Libres y sus liberatorios de prostitución como es Libertarias, dirigida por Vicente Aranda.

Desde aquí traslado mi agradecimiento a Laura Mañá por contar la vida de mujeres extraordinarias que han cambiado la historia de este país, dotando a las mujeres de derechos y haciendo de esta sociedad un lugar más humano, justo y habitable. Ellas han cruzado muchas puertas para que nosotras sigamos rompiendo cerraduras y continuemos ensanchando este camino para todas las que llegarán.
